CARIÑO, PACIENCIA Y CONSTANCIA.

De antiguo, en los recreos, era habitual escuchar coplas infantiles como ésta que ahora recuerdo:

COLEGIO CALDERÓN, CALDERÓN

HAN PUESTO TABLAS,

PA QUE PASE MARÍA,

TROPIECE Y CAIGA.

 

PASÓ SU NOVIO

LA VIO LLORANDO.

¿QUE TE PASA MARÍA

QUE LLORAS TANTO?

 

ME HE ROTO UN HUESO,

CUATRO COSTILLAS

MAÑANA NOS IREMOS

PARA SEVILLA.

Ya no se canta. Los escolares se entretienen con otros juegos. No sé si mejores o peores, pero distintos.

Por estos días, los patios de los centros educativos –huérfanos durante todo el verano- de nuevo rebosan vitalidad y alegría.

-¡Ya era hora! –dicen algunos padres, no asolados por la tristeza que genera un patio escolar vacío, sino más bien agobiados por la permanente presencia de sus hijos en su propia casa. Quizá también reconociendo implicitamente en los maestros, su imprescindible mediación para la formación de sus hijos.

El colectivo docente, tiene su mérito. No es corporativismo. Es una realidad. Este año, un curso más, nos sobrepondremos a la incertidumbre que genera no saber si se aplicará o no una nueva normativa, a los recortes, a la incomprensible guerra política por el dominio de la escuela, a la burocracia y los papeles, y nos entregaremos a la simple y compleja misión de formar a nuestros niños y jóvenes. Y lo haremos procurando el mejor uso de las herramientas que ponen a nuestro alcance y, sobre todo, acompañando nuestro trabajo de cariño, paciencia y constancia. Es conveniente remarcarlo: poniendo mucho cariño, aún más paciencia y la imperiosa tenacidad de la constancia. Dificilísimo, créanme.

Y, como decía un amigo y compañero el otro día, sin olvidar tres palabras mágicas para la educación y la vida: por favor, perdón y gracias. Una estrategia simple y eficaz.

A mí me gusta mirar la cara de mis alumnos -ya adolescentes- cuando van entrando el primer día. Intento adivinar en ella si acuden con alegría, indiferencia o, simplemente, por obligación. Cuando saludo a los que conozco de cursos anteriores, procuro observar si lo hacen con agrado o por compromiso. Esa primera mirada y sus matices, ofrece mucha información. Es una buena autoevaluación.

En fin, feliz curso a alumnado, padres, profesorado y todas las personas implicadas en la educación. A los que tratan directamente con estudiantes, ánimo, mucho ánimo. Y a los que, desde un sillón, toman decisiones que afectan al aula, prudencia, sentido común y buena suerte. Tenemos en nuestras manos el futuro.

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La fotografía que ilustra hoy la coplilla semanal corresponde a un detalle de la que aparece en la portada del libro LA ESCUELA DE ENCINASOLA. Es de 1921 y en ella aparece el maestro, D. Urbano Cortegano Gómez, posando junto a sus 59 alumnos y dos municipales, en el Fuerte de San Felipe de Encinasola. Como aplicación de la excursión, aparece en la pizarra: a un lado las fórmulas matemáticas para el cálculo de longitudes y superficies de figuras geométricas elementales; al otro, un problema de aplicación: “¿Cuántos m. de cordel tendrá de Cfª un fortín de 16 m. de diámetro?”.