…CON SOSIEGO, TEMPLANZA Y CARIÑO.

La enseñanza que deja huella, es la que se realiza con sosiego, templanza y cariño.

   Cuando me dirigía al aula, observé al grupo de muchachos que, como estatuas y ajenos unos a otros -ennortados, que diría un amigo mío-, permanecían ensimismados en las respectivas pantallas de sus smartphones.

   Conocía la pregunta de cursos anteriores y sabía que llegaría. Un rato después, ya en el aula, surgió con aire sombrío pero impetuosa:

    – ¿Se puede usar el móvil en clase? –dijo uno de los alumnos.

  Era la primera clase. Tras la bienvenida y recíproca y coloquial presentación –quién soy, de dónde vengo y por qué estoy aquí- yo llevaba media hora explicando los contenidos de la materia, la metodología, los criterios de evaluación y, cuando empezaba a exponer –para acordar- un modelo de código de conductas por el que regirnos durante el curso, surgió de inmediato -vertiginosa, como si llevara todo el tiempo esperando el momento de hacerla- la pregunta. Un alumno de primer curso. 16 años. Todos los del grupo, juntos, un enjambre de hormonas, un barullo de contradicciones, una nebulosa de incertidumbres y, por supuesto, algunas cosas muy claras. Según el arquetipo educativo ellos están en el aula para aprender; pero ellos, exactamente, no buscan aprender, sino respuestas claras -sin tibiezas-, un poco de comprensión, ser escuchados, respeto, referentes, cariño y, sobre todo, aprobar.

  El que preguntaba no ha sido alumno mío antes. Lo miré sonriente. Él también me miraba: inexpresivo, a la expectativa, sin acertar a saber si yo subía o bajaba. Fueron sólo unos pocos segundos, pero de silencio recostado.

  Me dio tiempo a recordar un día -unos quince años atrás- cuando un grupo de compañeros, con la sana intención de preservar los cauces clásicos de la docencia y recelosos de las nuevas herramientas –“¡¿Tú sabes las cosas que salen ahí?! Mujeres y de todo…” me decían, como si de una puerta al infierno se tratara-, me recomendaban no instalar una línea de internet en el centro con unos puntos accesibles al alumnado. “Pensad un momento en un destornillador, una herramienta habitual en cualquiera de nuestros talleres. Pensad las cosas malas que se puede hacer con un simple destornillador… Pero nosotros no le decimos a nuestros alumnos que extraigan un tornillo con los dedos, les enseñamos a utilizar adecuadamente la herramienta. Esto es lo que tenemos que hacer con internet” les dije. Dudaron, pero al final creo que les convencí, porque no se opusieron.

  Y ahora, muchos cursos después, allí estaba mi alumno esperando la sentencia respecto a la utilización o no del móvil en clase. Demostró mucho aplomo; permanecía frío, calculador, paciente y atento; pero temeroso, como si en la respuesta le fuera la vida.

   – Con orden, haciendo una utilización lógica y para aquello que corresponda ¿por qué no? –Su cara mostró instantáneamente una expresión mezcla de alivio e incertidumbre. Una breve pausa. Apenas fueron un par de segundos, pero los dejé que se disiparan lentamente, como la niebla una mañana de primavera. Luego, me apresuré a decir:- Eso sí, ahora debemos aclarar que es orden, utilización lógica y para qué se puede utilizar el smartphone en clase -y seguimos conversando, tranquilamente, hasta que llegamos al punto de encuentro y entendimiento en el que siempre deben estar las relaciones profesor-alumno.

  Un buen grupo. Creo que son fantásticos. Como todos los jóvenes, si se sabe estar junto a ellos. Disfrutaremos enseñando y aprendiendo. Aprenderemos y enseñaremos, disfrutando. Tenemos todo un curso por delante.

6 pensamientos en “…CON SOSIEGO, TEMPLANZA Y CARIÑO.

  1. Me has hecho esbozar una sonrisa…Se me agolpan los recuerdos. Perdón por hablar de mí. Enhorabuena, Tomás. Tus alumnos aún no deben saber la suerte que tienen. Un abrazo.

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