SAN CUCUFATO, LA OTRA SOLUCIÓN

  En síntesis, me contaba José Manuel:

“Se me perdió la llave del coche en el cercado y después de buscarla por todas partes hasta desesperar, tuve que llamar a mi mujer para que me trajera la otra que tenía en casa. Aquella tarde, cogí un pañuelo blanco y haciéndole los tres nudos, me encomendé en oración a San Cucufato: “San Cucufato, San Cucufato, con este pañuelo los cojones te ato y hasta que no aparezca la llave, no te los desato”. Dos días después, de nuevo tuve que ir al cercado, me llevé el pañuelo y me puse a buscar por donde pensaba que podía haberse caído la llave. Nada. Una vuelta, otra más y, de vez en cuando, apretaba un poco más los nudos del pañuelo. Pero nada. Aburrido, cuando iba al cerrar la cancilla para volverme, veo una cosa brillante en el suelo, me fijo bien y ¡allí estaba!. Cogí el pañuelo, lo miré y dí gracias al santo, que nunca me falló. Por supuesto, de inmediato, le desaté los cojones a San Cugat.”.

  “¿Cómo has dicho? ¿A San Cugat?”, le pregunté, y él me aclaró: “Claro a San Cucufato, en catalán San Cugat”.

Martirio de San Cucufato. Tabla gótica de Ayne Bru (hacia 1500)

   Me interesé por el santo y su vida. San Cucufato o Cucufate nació en Escilio, cerca de Cartago, el año 270. Predicó el cristianismo por la Península Ibérica, sobre todo por el noreste, por Cataluña, y murió degollado el 304 en San Cucufato del Vallés (Barcelona).

   Y entonces, de forma repentina, encontré la solución: es tan simple como regalarle un pañuelo blanco a cada uno de los que perdieron el sentido común y el respeto a las normas, que le hagan tres nudos al pañuelo, que recen la oración a San Cugat y que recuperen -encuentren- el juicio.

    A ver si funciona. Del café al que les invité el otro día, no me han dicho nada aún.

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