EL DULZOR DEL LIMÓN PEROTE.

  Como cada mañana he cortado medio limón, lo he exprimido en un poco de agua templada y,  en ayuna, sorbo a sorbo, lo he ido tomando. Y he sentido el dulzor del limón perote. Su sabor me trajo un manantial de emociones: sones de pasodoble y romances de conquista; el recuerdo de abruptos desfiladeros de caminos reales; la placidez de comidas compartidas y charlas reposadas;  la nostalgia de momentos íntimos y complicidad colectiva; la devoción de plegarias a la Virgen; la serenidad que dan la fe, la amistad y el cariño; la fraternidad de abrazos de despedida… Y envolviéndolo todo, la fraternidad de personas entrañables, cariñosas y dulces. Como el sabor de los limones de Álora.

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