MIENTRAS TE CANTO UNA COPLILLA (1)

¿Te llevaron alguna vez? ¿No? Entonces ¿no viste ninguno jamás? Yo te contaré.

Salen de noche, ya bien oscurecido, atraídos por la silueta humana. Por eso es necesario esperar a que aparezcan de entre las piedras, zarzales, encinas, monte bajo, del arroyo… Tienen una increíble capacidad para mimetizarse con el entorno, lo que les permite pasar absolutamente desapercibidos. Si intentas verlos, jamás lo conseguirás, debes esperar a que ellos te busquen a ti. Y debes estar atento porque son correosos como ellos solo.

Cuando por fin llegan, hay que andar listo. Para capturarlos hay cierto ritual que consiste en decir «un, dos, tres, cuatro… gamusino al saco». Pero lo han de coger los compañeros de fortuna, porque el portador del saco -no se pueden guardar en canasto o cualquier otro recipiente abierto, escaparían-, no suele verlos hasta que termina la jornada.

Al alba desaparecen. A ellos con la luz les pasa igual que al COVID-19 con el jabón, no resisten.

Son tan entrañables que a  ACETRE les inspiraron este hermoso tema: canto de gamusinos. Si cierras los ojos y te relajas, podrás llegar a verlos.

¡Ah! Una cosilla antes de dejarte hasta la semana que viene:

Puedes dejar de estar confinado, pero no confiado: el bicho sigue por ahí. No te la juegues, ni se la juegues a nadie. Recuerda:

 

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