LAS COPLAS DE LA MOLINERA Y LA TRADICIÓN ORAL

(Publicado en la revista Raíces. Valverde del Camino, Junio de 2013. Coplas recogidas en Encinasola).

La molinera

le da con aire,

a la piedra

que muela.

 (Popular de Encinasola)

   Con el trigo en casa, la subsistencia está asegurada; se puede moler y obtener el bendito fruto de la tierra: el pan. A la hora de resaltar sus excelencias el refranero es abundante. Dice uno que

 Con pan y vino, se anda el camino.

   Otro lo eleva tanto, que se diría que está por encima del bien y del mal:

 En teniendo pan y aceite, no le temas a la muerte.

    Pero antes de amasar y cocer el pan, hay que moler el trigo y acude otro refrán:

Entre dos piedras se muele el trigo.

    Y para moler, el molino, que dice la copla

El molino pa moler,

la cabeza pa pensar,

mi morena pa querer

y el vino para olvidar.

    Este artilugio utilizado para reducir el trigo a polvo, el molino harinero, de origen romano, tuvo un impulso definitivo durante la última época de la dominación árabe y a partir de la conquista y repoblación cristiana se empezó a utilizar el agua como fuerza motriz para mover las ruedas. En ríos, riberas y arroyos se construyeron molinos hidráulicos, de los que aún se pueden contemplar sus restos.

En Encinasola, en el Múrtiga, el Sillo e incluso en arroyos de mucho menor caudal, se construyeron molinos hidráulicos, de los que aún se pueden contemplar sus restos. En las respuestas generales a las preguntas realizadas por el Marqués de la Ensenada en 1752, en la pregunta 17 se dice “que hay en el término veinte molinos harineros de agua….”[1]  Luego Pascual Madoz en 1847 dice refiriéndose al Múrtiga que “…sus corrientes dan impulso a siete molinos harineros”[2].

En el artículo Los Baldíos de Niebla en los siglos XVI y XVII (III),[3] dice Juan Carlos Sánchez Corralejo que uno de los derechos comunales que tenían los valverdenos en ellos, era el de la construcción de molinos:

“Los valverdeños protagonizaron una auténtica fiebre de construcción molinera que no hizo sino corroborar la ocupación progresiva de los baldíos. En el arroyo del Castaño, ya desde fines del siglo XVI, construyeron los molinos de la Melera, de la Llave, del Ciruelo, de la Huerta, de la Higuera, del Encinar, de la Cigüeña, de la Mimbre y del Membrillo, así como el de Lanchoso, ubicado en las juntas de los arroyos Castaño y Lanchoso. Estos molinos permitieron la panificación y el abastecimiento de las casas diseminadas a lo largo de la llamada Fuente del Melero -que contaba con varios cercados y huertas valverdeñas-, así como las del Saltillo y las Gamonosas. Asimismo la presencia valverdeña en Caballón y Raboconejo se vio completada con la construcción de los molinos de Caballón, de la Llave, del Acebuche, de la Encinita, el de las juntas del Gallego y el molino de Barrancoso. Igualmente, en el arroyo de Helechoso, asociados a las tierras de sembradura y a los aprovechamientos apícolas del huerto del Pilón y el Valle del Gamonital, existían varios molinos, propiedad de valverdeños: los de la Llave y del acebuche, los dos molinos lindantes del palmito y de la retama, y el molino del vínculo de los Cruzado.”

Así, en las respuestas a las preguntas realizadas por el Marqués de la Ensenada en 1751, en la pregunta 17 se dice “que hay quince molinos harineros de agua (…) y cinco molinos harineros de viento (…)”[4], que, en parte, deben de corresponderse con los que describe Juan Carlos Sánchez. Luego en 1847, Pascual Madoz dice que Valverde tiene “12 molinos harineros de viento y varios de agua”.[5]

  Pero el refranero sentencia:

Agua pasada no mueve molino.

    Y también que

Molino parado no gana maquila.

    Por eso, cuando el agua faltaba o se quería moler en lugares alejados de ríos y arroyos, había que utilizar la fuerza de animales o la del viento. En Valverde, lamentablemente, el último molino que se destruyó fue el situado en el Cabezo del Molino, al que sólo dejaron el nombre como testimonio de su presencia.  Pero además, en épocas recientes, se constata la existencia de pequeños molinos caseros accionados por la fuerza humana, en los que, por la noche, para ganar la maquila -muchas veces de estraperlo-, entre vuelta y vuelta, se novieaba y se forjaban amores. Frecuentemente las piedras eran movidas por brazos femeninos:

La molinera,

le da con aire,

a la piedra

que muela.

    El estereotipo de la molinera ha quedado plasmado en multitud de coplas por toda Castilla, Extremadura y Andalucía: roba, abusa del molinero, provoca…

 La molinera gasta

lindos collares

de la harina que roba

de los costales.

—-

La molinera gasta

lindos zapatos

y el pobre molinero

anda descalzo.

 —-

La molinera come

pan y tocino,

y el pobre molinero

pan y pepino.

—-

Usa la molinera,

en el roete,

una cinta encarnada

que compromete.

   Y tratándose de folclore musical tradicional, en algunas piezas, la grosería y la provocación, sin tapujos, suele estar presente:

Cuando la molinera

menea el culo,

acude el molinero

con el tarugo.

El molinero, también cantaba:

 Vente conmigo al molino

y verás mi molinera

echar el trigo en la tolva,

mientras yo pico la piedra.

    Pero la molinera, también sufre de amores:

Molinera, molinera
que descolorida estás
desde que se fue la quinta
no has dejado de llorar.

No has dejado de llorar
ni tampoco de sufrir
molinera molinera
de pena vas a morir.

    Y además de un sinfín de coplillas, una molinera de la provincia de Huelva y el Corregidor, son los personajes de un romance tradicional que he recogido en distintos lugares de la provincia. Una de las versiones, -que yo presento tal como me llegó fruto de la tradición oral, aunque no respete la métrica con exactitud y deje algún verso en el camino-, es ésta:

En la provincia de Huelva

había un molinero honrado

que ganaba su sustento

con un molino arrendado;

era casado con una moza

que era un rosa, y era tan bella,

que el Corregidor, madre,

se prendó de ella:

le regalaba, la festejaba,

hasta que un día

le pidió los favores que pretendía.

Respondió la molinera:

– vuestros favores admito,

pero temo que mi esposo

nos atrape en el garlito,

porque el maldito, tiene una llave

con la cual entra con la cual sale

cuando es su gusto,

y siento que nos coja

y nos de un gran susto.

Responde el Corregidor:

– me estoy haciendo a la idea,

de mandarle en el molino

algo que allí le entretenga:

será de trigo, porción bastante

que lo muela esta noche

que es importante,

para una idea que tengo oculta,

bajo una multa de doce duros,

así será del modo estemos seguros.

Consintió la molinera

y luego, sin más porfía,

el Corregidor fue y dispuso

todo lo que dicho había.

En éstas por el molino

ha pasado un pasajero,

que entendía de moler

tanto como el molinero:

– si tienes prisa por irte a casa,

buen molinero, vete tranquilo,

que esta noche sin falta

se muele el trigo.

Se ha marchado el molinero

y hasta su casa se ha ido,

los ha encontrado a los dos

como en harina metidos.

Le dice el Corregidor:

– como consientes, buen molinero

que no conoces al viajero,

vete al molino,

no dejes que el vecino

te muela el trigo.

   Este Romance, -que inspiró a Pedro Antonio de Alarcón para su novela “El sombrero de tres picos” y luego a Manuel de Falla para una magnífica obra musical-, está muy extendido por la geografía española y recogido en la mayoría de los romanceros tradicionales del siglo XVI. En Andalucía, tiene muchas versiones. En unos casos su primer verso lo sitúa “En la provincia de Huelva…”, (lo cual nos da idea de romance moderno, pues la actual división de provincias data de 1833 o se trata de una adaptación después de esta fecha). En otras ocasiones comienza con “En cierto lugar de España…”, e incluso una de las versiones más sonadas lo sitúa “En Arcos de la Frontera…”. Tampoco coincide el desenlace en todos los casos, que va desde la resignación del molinero, hasta aquella en la que éste roba las ropas al Corregidor y ataviado con ellas acaba en su mismísima cama haciendo las delicias de su mujer, la bella Corregidora, como si de un intercambio de pareja de tratara.

   Es la tradición oral que hace evolucionar una pieza en cada boca de forma distinta, añadiendo, recortando, adaptando al marco y al gusto de cada cual. Piezas con vida propia.



[1] Archivo Municipal de Encinasola. Legajo 156.

[2] Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Pascual Madoz.

[3]Los Baldíos de Niebla en los siglos XVI y XVII (III). Juan Carlos Sánchez Corralejo. VALVERDE DEL CAMINO: HISTORIA Y PATRIMONIO. http://historiavalverde.blogpost.com.es/

[4] Respuestas de Valverde del Camino a las preguntas generales del catastro del Marqués de la Ensenada, fechado el 6 de septiembre de 1751.

[5] Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Pascual Madoz.

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