LA FIRMEZA DE LO IMPERECEDERO

   ¡Qué firmeza la de una pared de piedra de las que escolta cualquier camino de estos pueblos del sur! Permanecen perennes retando el equilibrio y desafiando al tiempo. Transmiten la confianza del tesón y la costumbre. Luego llegan vientos, temporales, y, cuando se conjugan agua y frío en las heladas mañanas del invierno profundo, revientan su armonía desencajando alguna de sus piezas.

  Igual sucede a los refranes. Tienen la solidez del tiempo, la confianza de la sabiduría popular, la tenacidad de la experiencia… Algunos son tan certeros que ni el peso de los siglos ni las nuevas tecnologías puede con ellos. Me apasionan y los recojo cuando salen al paso. Estos los oí y anoté en los últimos días. Ahí quedan.

Cuando alguien quiere comer aparte, es que quiere comer más.

A perro que no conozcas, no le atientes el rabo.

Del mal del vecino, no tengas gozo, que cuando el suyo es viejo, el tuyo es mozo.

Muchos besan al niño por la niñera.

¡Qué se joa el capitán, que hoy no como rancho!

Quien pone su culo a consejo, unos dirán que es blanco, otros que negro.

Y los dejo ya que,

Sermón corto, alegra el alma; sermón largo, el culo cansa.