La sabiduría de un refrán

   Ayer estuve preparando la tierra para sembrar las papas, que dice el refrán que

El patatero, aprovecha el diez de enero.

   Me satisface y lo hago con gusto. Terminé cansado, pero contento, como los rocieros. Y es que eso de sembrar, como pasa con criar, es gratificante.

  Dicen que una persona no está realizada hasta que no ha plantado un árbol, tenido un hijo y escrito un libro. Aunque en realidad lo que se quiere decir es «haber plantado un árbol y que dé fruto, tener un hijo y haberlo criado y educado con amor, orden y valores, y que lean aquello que un día escribiste para compartirlo con los demás». Las tres cosas suponen esfuerzo, paciencia, perseverancia y entrega incondicional a la empresa. Es decir, que una persona no llega a la plenitud hasta que no se ha entregado a la tierra que pisa y al medio que ocupa, se ha preocupado del bienestar y continuidad de la especie, y está dispuesta a compartir su experiencia para que sea aprovechada por los demás.

  Esta reflexión encaja con un refrán que oí el otro día. Es éste:

El que planta, siembra y cría, vive con alegría.

    Un refrán sabio.

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