En otros tiempos, aprovechando el frescor que traía la noche, la gente, por grupos de vecinos, se sentaba en las puertas de las casas a “tomar el fresco”. Yo nací y me crie en la calle Berraca (actual Rábida). Los niños -habitualmente éramos cinco: Félix (hijo de un guardia), Ángel «Perejil» (el apodo le iba al pelo porque sus apellidos son Pérez Gil), Esteban, que nos dejó hace poco (hijo de María la Sillera y pariente mío), mi primo Tomás (con quien compartí toda mi niñez y tan pronto se nos fue) y yo. Correteábamos por toda la calle jugando y, al final, siempre acabábamos en la tertulia de Juan Regino, un hombre gracioso, simpático e ingenioso, de profesión zapatero. Nos entretenía con juegos, retahílas, acertijos, cuentos y mil ocurrencias. Uno de los cuentos que contaba era EL ZAPATERO SIN CUIDADO.