SOLEÁ

   A veces pienso que os tengo aburridos de coplillas. Por eso hago pausas, doy treguas y las dejo dormir en la placidez de una espera sosegada. Pasado un tiempo, llaman de nuevo a mi puerta, despiertan del letargo, renacen. Siempre se desperezan por soleares. Quizá por que

No hay copla que diga más

que lo que dice en tres versos

un cante por soleá.

   ¡Qué grandeza! Esa concreción, era finura y delicadeza, esa agudeza para sentenciar, para completar una idea, un mensaje en apenas quince palabras, solo está al alcance de una soleá.

   Y en estos tiempos de locura, vértigo y sinrazón, ahora que los acontecimientos aturden y desbordan, que amenazan la paz y provocan desaliento, hoy, en una ráfaga, me asaltó una soleá:

Mirad la paloma blanca:

va sin ramita en el pico

y con las alas quebradas.

Un pensamiento en “SOLEÁ

  1. El Maestro Alcántara nos dijo en una ocasión: “la noche del aguacero / díme dónde te metiste / que no te mojaste el pelo”. ¿Se puede decir más en menos? Ah, y de aburridos, nada ¿de acuerdo?

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