COPLAS DE LA NOCHEBUENA MAROCHA (8) El contrabando

El contrabando es inherente a la frontera. En función de la época cambian los productos objeto de estraperlo -primero ganado, sobre todo equino; luego tabaco, azúcar, café…-, la forma de practicarlo -grupos organizados con objetivos económicos o gente humilde como medio de subsistencia-, y el celo que los estados ponen para evitarlo atribuyéndole la defensa de la frontera a cuerpos específicos como Guardiñas, Carabineros y Guardia Civil. Y asoma el folclore que, una vez más, retiene en coplillas las cosas que van pasando. Cantan en Barrancos

Tôduh bâmuz à frontera (Todos vamos a la frontera)

Cada quâ bai cûmu pòdi; (Cada uno como puede;)

Uno lêbom alparcata (Unos llevan alpargatas)

Ôtruh bão eu automóble (Otros van en automóvil)

Tras la Guerra Civil Española el contrabando fue una actividad de subsistencia, ante la carencia de otras formas de obtener dinero y la falta de productos básicos. Era gente humilde que iba por su cuenta a por la mochila de café para alimentar a su familia, arriesgando su persona y la carga, o contratado por un sueldo en grupos organizados -cuadrillas- donde solo se exponían a ser apresados, pues la carga era de quien le contrataba. Se unían en grupos numerosos –cuerdas-, perfectamente organizados, separados unos de otros para que si aparecía la Guardia Civil no los cogieran a todos.

Para combatir el contrabando se construyeron cuarteles a lo largo de la frontera. En Encinasola fueron dos: el cuartel de Sierra de Hoyos (situado en la Contienda y que hoy es el Aula de la Naturaleza), y el de Picoroto. Eran conocidos como “casetas”. Los carabineros y luego la guardia civil, vivían en ellos con sus familias. Ellos cumplían con su deber, pero también eran conscientes de la situación de muchos de los contrabandistas. Hubo de todo. El folclore musical quizá sea de las pocas fuentes formales con capacidad para retener situaciones de las que de daban.
En el coplerío de la Nochebuena marocha no solo se cantan coplillas de cuatro versos, también «coplas largas», que decimos allí, y hermosos romances. El que hoy te propongo, que mil veces oí a mi abuela María Josefa, sentado a su lado en la tablilla del telar mientras el tejía aquellos cubrepiés, mantas y alforjes, es una de mis debilidades. Es el Romance de Don Bueso, que en Encinasola todos conocemos como el Romance de la Mora Cautiva.

 

 

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