279_260715 Cuaderno de notas. Alsacia, Rin y SElva negra:un viaje paa recordar.

El reencuentro con tu almohada, tu café, la tostada con aceite de verdad, la regulación del agua de tu ducha, tu sillón, tus cosas, te aporta. Como en casa, en ningún sitio.

Alguien decía que había que salir de viaje de vez en cuando para saber lo bien que se estaba en casa. Pero viajar y sentirse bien en casa no son excluyentes, más bien se complementan. Porque ahora, cuando recuerdo las márgenes del Rin con sus castillos de cuentos de hada, la vitalidad de Frankfurt, los canales y el barrio medieval de Estrasburgo, el colorido de Colmar, la hermosura de Riquewihr, la vegetación y los abruptos saltos de agua de Triberg, las vistas del lago Titisee, la sobriedad y hermosura de Basilea, el impresionantes castillo de Heidelberg, la gran estatua de Guillermo I en Coblenza vigilando la unión del río Mosela al Rin, la impetuosa cascada del Rin en Suiza, toda la ruta del vino de Alsacia, los asombrosos paisajes de la Selva negra y mil rincones más que revolotean en mi memoria, me siento feliz y afortunado de haberlo vivido.  

Y todo en la mejor compañía, claro.

Viajar, no es solo conocer nuevos espacios, culturas, paisajes, experiencias y formas de vida. También es descubrir a personas que, al comienzo del camino, no son más que rostros anónimos formando parte de la fila de embarque para subir al avión. Luego, al regresar, la despedida llega acompañada de un abrazo sincero, como si nos conociéramos de toda la vida, y con el deseo compartido de que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.